¡Bienvenida Primavera!

¡Bienvenida Primavera!


Un despertar primaveral en nuestros pueblos.

En este nuevo comienzo de la primavera, todo vuelve a resurgir a  la vida. La Madre Tierra se despierta en este meridiano y vuelve a reverdecer multicolorida aún a pesar que en muchas zonas las lluvias no se dieron por avisadas.

Vemos a diario que el despertar se da en muchos lugares del planeta y de variadas formas. Hay despertares primaverales en pueblos del oriente medio que luchan por reconquistar sus libertades y derechos civiles en democracia. Hay Despertares en otras regiones por tener su propio territorio y ser reconocidos internacionalmente por el conjunto de las Naciones Unidas.

Despertares de la lucha de mujeres por sus derechos a una vida libre de violencias y con igualdad de oportunidades en lo laboral, en lo familiar, en lo social y en la vida política.

Despertares de los jóvenes en varios lugares del planeta, que reclaman contra las desigualdades que siempre el capitalismo salvaje se propuso como meta. ¡Ellos son los Indignados! ¿Qué bueno que todavía haya gente y, sobre todo que sea joven, la que se indigne ante todo atropello y marginación cuando la posibilidad educativa, laboral o sanitaria no es para todos, sino para aquellos que la puedan pagar y bien pagada. A ellos y sobre todo a ellas, los hemos visto indignarse en España, en Israel, en Manhattan, en Londres, en Chile… Indignarse es digno cuando el reclamo es por una mayor y mejor justicia en beneficio de la comunidad toda.

Despertares que se plasman en nuestras fiestas de la Primavera y de los Estudiantes, expresado en el arte, la música y las vestimentas, eso original y propio de ellos. Esto es necesario para despertarnos a nosotros los adultos, porque muchas veces nos adormecemos en la siesta de la vida perdiendo la frescura, la alegría, espontaneidad y autenticidad de los chicos y chicas.

Despertar ante un adormecimiento mental y espiritual en el que se sobrevalora el éxito, la fama y los resultados, en donde estos quedan plasmados únicamente en ganancias  económicas. Todos ellos hijos de un individualismo del “Sálvese quien pueda”.

Como contrapropuesta, queremos visibilizar  a otras y otros como “Modelos”, tal vez no sean muy fashion, pero sí con almas grandes. O tal vez sus siluetas y contornos no sean similares a los impuestos por una sociedad de consumo como paradigma de belleza o de “fitness” del estar en forma, pero eso sí, tienen un corazón entrenado para cualquier sacrificio y una mente despierta para resolver situaciones adversas.

Ellos y ellas son los Maestros.

Ellas y ellos dedicados a su magisterio como un auténtico sacerdocio y apostolado. Maestras y maestros que se alojan en sus propias escuelas durante toda la semana o tal vez más aun, residiendo en lugares alejados e inhóspitos donde tienen que viajar largas horas y atravesar obstáculos que unas veces son los ríos crecidos, la helada, el calor santiagueño, el monte, las salinas o las sierras de Ambargasta y Sumampa.

A ellos y ellas que conocemos por su labor pedagógica, aunque no siempre bien reconocidos, sino también porque en los templos del saber dan de comer a sus alumnos, festejan los cumpleaños, pelean por las mejoras en lo edilicio o en conseguir siempre material didáctico, ropa, alimentos o juguetes para sus alumnos. A todas y todos ustedes, señores y señoras maestras, sean docentes rurales o que estén en las ciudades: “valga un reconocimiento a su labor, a su esfuerzo, a toda la vida gastada y desgastada en honor al saber y a la dignidad de su prójimo los alumnos”, sinceramente muchas gracias.

Jorge del Viso (Director Editorial)

 

 

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