¡Cerramos para poder abrir!

¡Cerramos para poder abrir!


 

Terminamos el año 2012 en el sur santiagueño con el clásico Gran Premio Coronación del Rally santiagueño. Competencia que por motivos climatológicos fuera postergada en dos ocasiones.

Fin de año y el comienzo del año nuevo tuvo una bisagra no esperada ni deseada. Sabemos que la carrera por los caminos serranos de Sumampa, Cantamampa, Sol de Julio y Villa Ojo de Agua finalizó abruptamente, debido al accidente que le costara la vida al copiloto Martín Copello.

La vida, a semejanza de una competencia automovilística, tiene etapas, circuitos, zonas de mayor riesgo, curvas cerradas, en las que  nos disponemos a tener mayor precaución. Hay veces en que la vida nos premia el esfuerzo, la constancia, el coraje, la pasión, el ideal, el prepararnos meticulosamente en los detalles para hacer frente el gran desafío. También hay quienes no ganan pero llegan a la gran final y otros que no terminan o abandonan por motivos distintos.

Por eso no quería abrir el 2013 sin cerrar al pasado año adecuadamente. Se cerró con un duelo deportivo, con dolor, consternación e indignación ante el misterio que de una forma injusta nos quita a un ser querido, apreciado y sin maldad.

Martín hizo de su vida una pasión automovilística. Su vida aunque abruptamente cortada por la tragedia, no dejó de tener sentido siempre, porque tuvo una meta: llegar primero a la final para ser coronado campeón. Y algo o mucho de esto tienen nuestras vidas pero tal vez no nos demos cuenta de ello.

Todos, absolutamente todos, buenos y malos, niños o grandes, hombres y mujeres, avanzamos con metas  o sin ellas, a una gran final de nuestras vidas. O sea, las metas de la gran final de la vida son los motivos  por cuales vivir y luchar esperanzadamente. Es  tener una pasión dominante que nos impulse a seguir viviendo a pesar de los riesgos y sacrificios que tengamos que soportar o afrontar. La gran pasión es el amor. Un amor solidario que se compromete en la justicia social. Un amor  compasivo que es capaz de esperar los tiempos de los otros o de seguir solos hacia la meta propuesta.

 Hemos comenzado este nuevo año 2013 llenos de optimismo y esperanza a pesar de las pérdidas que tuvimos que padecer.  A todas ellas las tomamos como parte de un desafío a afrontar.

 

Y nuevamente como otros años los festivales vuelven a sentirse y a vibrar en el sur santiagueño. Y todas las ciudades y sus alrededores se ponen en onda. Las expectativas por los artistas convocados este año, sus temas musicales y el clima de fiesta nos envuelve a todos.

¡Realmente es la fiesta de la ciudad! Nuestra idiosincrasia tiene una mezcla de religioso y folclórico. Esta combinación es parte del espíritu o ánimo del ser santiagueño y la música es parte imprescindible junto a otras expresiones culturales del arte en sus distintas formas: Las danzas nativas, el canto, la palabra, la plegaria y la poesía.

La llegada de los festivales son momentos esperados y trabajados para que tengan todo su esplendor y provoquen así en  el público ese sabor de encanto y satisfacción. Los festivales en Ramírez de Velazco, Sol de Julio, Sumampa y Villa Ojo de Agua, nos devuelven la nostalgia rejuvenecida. Nos hacen volver al terruño cuando estamos viviendo lejos para encontrarnos con el pretexto de las vacaciones de los chicos, o para participar de las noches festivaleras.

Los Festivales nos convocan a la distancia por el encuentro entre los que residen en la provincia y los que tuvieron que emigrar hacia otros lares. En los festivales volvemos a cantar, a recordar, revivir y renovar nuestras “raíces”. Porque justamente es ahí en las raíces donde se encuentra la vida y la historia que la hicieron posible.

Obviamente que las carteleras de los  festivales están colmados de artistas de primer nivel nacional, provincial o locales, pero también es cierto que brinda una oportunidad al despertar de muchos que llevan el arte de la música, del canto y las danzas en la sangre, teniendo una oportunidad artística de darse a conocer sobre un escenario. ¡¡Y esto sí que es bueno!!

Es bueno que los festivales sean promotores de más artistas; que sean semilleros de la cultura y la música popular. Los festivales en el sur santiagueño son un aporte y un soporte al crecimiento espiritual, al cuidar las costumbres populares y culturales santiagueñas. Es una forma excelente de difusión musical y de cultivo de nuevos valores locales, de nuevas escuelas de danzas nativas, de conjuntos y solistas que con el canto, la poesía, la guitarra, el bombo, con las artesanías propias de cada zona, hacen que no se extinga el espíritu, y además lo difunden para que contagie a otros.

Y aquí es el espacio y el momento para agradecer  a los Intendentes de los municipios y comisiones organizadoras, que hacen posible año a año con denodado esfuerzo la realización de dichos espectáculos, contribuyendo de esta forma al sostenimiento y apoyo de la cultura y música popular.

Los escenarios de los festivales, a manera de templos y altares, elevan sus plegarias al unísono acompañados de instrumentos musicales al Dios de la vida y a la vida que hacemos todos los días desde nuestro cotidiano vivir.

Jorge del Viso (Director Editorial)

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