¡Claudia al gobierno!

¡Claudia al gobierno!


1487434_665775746776537_384360322_nUna gobernadora en Santiago del Estero desde la perspectiva de género.

Estaba invisibilizada detrás de uno de sus roles: esposa y madre; mujer de y madre de dos niños. Ahora empieza a emerger un rol político…Con los pañales, mamaderas, calendario de vacunas, jardín de infantes, actos escolares, etc, se le duplicarán sus roles femeninos o se le potenciarán.

Desde el estereotipo machista en que la mujer es esposa y sumisa al hombre, en que su labor es exclusivamente lo doméstico y la crianza de los hijos, en que sus roles están acotados a lo familiar e íntimo…reaparecen nuevas y viejas formas de violencia a las mujeres excluyéndolas de ámbitos como si por naturaleza no le estuvieran permitidas,  situándolas en espacios de libertad o  prisión con techo de cristal para no salir de ellos.

Así también cuando hace unos pocos años Néstor Kirchner propuso a su compañera de vida y militancia Cristina Fernández para que accediera a la presidencia de la nación como continuadora de un proyecto político, ahora salvando las diferencias circunstanciales, a la doctora Claudia Ledesma Abdala de Zamora se le cambian los papeles que venía desarrollando  como primera dama santiagueña y madre de familia. O más que cambiar se le aumentan las responsabilidades.

Ante tantos interrogantes, dudas, críticas sobre su experiencia, trayectoria, capacidad…creo que en el fondo hay un sutil estigma por la condición femenina. Aparecen modos nuevos de estigmatizar a la mujer y más cuando esta asume roles dirigenciales en la vida pública. ¿Es que le han impuesto que asumiera este nuevo desafío? Más bien creo que las circunstancias fueron las que llevaron a tener que aceptar dicha propuesta a la candidatura de la gobernación.

Nuestra historia patriótica está hecha de mujeres, y no solo mujeres de alguien, sean héroes de la revolución de mayo…sino mujeres que tal vez no buscando el poder y la gloria, asumieron una circunstancia política y sin dejar sus tareas que llevaban adelante, multiplicaron por dos lo que tenían que hacer. Ellas solas pueden multiplicarse o dividirse en cuatro para atender la diversidad de tareas que las circunstancias sociales, políticas, coyunturales y proyectos de vida le presentan, o mejor dicho le “obligan” a asumir. Y por esta multiplicidad de roles o funciones es que reciben escarnio público. Así fue en la historia de la humanidad y en la Iglesia, donde hubo quema de mujeres acusadas de brujería o torturadas por “herejes”. También Santiago del Estero tuvo en su historia muchas mujeres acusadas, blasfemadas, ninguneadas y desprestigiadas como Dominga y Pancha, o la muy conocida Parda Antonia que fueron ejecutadas por la no tan santa Inquisición allá por el 1700, acusadas de practicar la “brujería”. Modo fácil, rápido y sin culpas que tenían los hombres de sacárselas de encima cuando las mujeres tenían un tipo de libertad, poder o control socio-religioso.

Siempre hubo acusaciones y la mayoría infundadas tal vez por temor. Temor a ellas. Temor a lo que pudieran hacer, lo que pudieran saber, controlar o pasar. A las mujeres se les tuvo miedo, por eso  mismo se construyeron los prototipos, estereotipos o roles estereotipados para que fueran excluidas de muchas áreas, o sino por las dudas, no sea cuestión que pase algo. Así sucedió en la vida civil y eclesiástica que a las mujeres se les indicó lo que tenían que hacer, donde y cuando.

Pero ahora que tenemos la posibilidad que nos gobierne una mujer, se agitan los fantasmas de épocas pasadas en Santiago. Algunos dicen que es un ¿deja vu?…pero creo que en el fondo estamos estigmatizando desde la violencia de género la capacidad y el potencial femenino. Eso se llama prejuicio.

Jorge del Viso (Director Editorial)

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