¡La Esperanza y la Solidaridad no se devalúan!

¡La Esperanza y la Solidaridad no se devalúan!


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Un febrero cargado de festivales y comparsas. Pudimos congregarnos una vez mas en la convocatoria que hiciera el Festival del Artesano en Ojo de Agua, el de la Canción Popular de Sumampa acompañados por las comparsas carnavalescas de los barrios de nuestras ciudades.

Un mes cargado de festejos musicales, coloridos y originales vestidos que con la música y las danzas adornaron el mes de febrero en el sur santiagueño. Pero de forma similar la vida también tiene esos momentos festivos y de los otros, los no tanto alegres, que muchas veces nos hacen caer en la cuenta que la vida nuestra de cada día está llena de matices. Y estos matices son un desafío para todos nosotros a la hora de no bajar los brazos, no desanimarnos, no dejar que nos desanimen con comentarios y dichos que todo está mal y va en peor. Desafío que es seguir manteniendo bien en alto los valores de nuestra vida social y política. Desafío en sostener pese a todo las banderas de la justicia social en la construcción de una patria solidaria.

Inflación, incertidumbres económicas… ¿Dólar o pesos argentinos? Peso devaluado. Burbuja especulativa económico-financiera.

¿Volver al Futuro? ¿Volver al 2001? Encima hay periódicos internacionales que replican los comentarios políticos económicos de voceros locales nuestros… (¿Qué tan nuestros serán?)

¿Devaluación? ¿Inflación? ¿Sacar los subsidios? ¿Reducir el gasto social?

¡Todo está más caro y la plata no alcanza!

¡Cuántas de estas cosas hemos escuchado y visto en las pantallas de la TV, en programas radiales, en comentarios de las redes sociales, en los principales periódicos, etc…!

Cuando lo cotidiano se nos encarece sentimos en el fondo que es la vida de cada día la que pierde valor. Porque tenemos la vida atada a lo económico, y no es un engaño sentirlo así. O ¿será que sí? La percepción emocional que sentimos es que la vida pierde valor, pierde fuerza, pierde consistencia, constancia, contenido, pierde certezas y razón de ser. Padecemos un riesgo de devaluación crónico de nuestras relaciones interpersonales y sociales. Padecemos el temor que la cultura solidaria se nos devalúe, se resquebraje. Y estos temores fundados en experiencias pasadas nos dejaron como al que se quemó con leche…por lo tanto existe un temor escondido de volver al pasado…Y estos miedos suelen ser explotados por ciertos sectores mediáticos y políticos para generar desánimos, incertidumbres, pánicos, broncas.

Cuando las cosas se devalúan, cuando todo pasa por la inflación, cuando la moneda pierde poder de compra, se dispara el efecto contagioso que también con ellos se devalúen las relaciones interpersonales, los valores de justicia y solidaridad, se devalúen las palabras y los compromisos contraídos, la honestidad, la veracidad, la ética y las buenas costumbres como ciudadanos. Se devalúe la esperanza y la alegría frente al escepticismo, la tristeza y la angustia.

Se devalúe la verdad de las noticias que nos informan las cosas que pasan en el mundo y en nuestro alrededor. Se produce una inflación o inflamación de interpretaciones que no se ajustan ni a la verdad de los hechos ni al sentido que su autor quiso dar o explicar.

Inflación o inflamación similar al exceso de algo. Lo que es excesivo por lo tanto sobra, y si sobra está de más.

Estos mismos temores inflacionarios nos provocan deseos de mayor consumo. Están los que pueden acceder a ello satisfaciendo el deseo  calmándolo por un rato y los que no tanto o casi nada. Estos temores nos hacen compradores compulsivos o frustrados al no poder acceder a ciertos beneficios o gratificaciones. O se cae en el recurso fácil del pastilleo automedicado.

Lo excesivo que yo consumo o desperdicio se contrapone a la sobriedad necesaria de una cultura solidaria.

Lo contrario a la sobriedad solidaria es la ebriedad individualista del sálvese quien pueda…Son aquellos que solo buscan satisfacerse a sí mismos o a sus grupos íntimos. Ebrios o narcotizados por el afán de poseer, de pasarla bien y disfrutar de la vida, con el  riesgo cierto de olvidarse del prójimo. Enceguecido por las luces de la ilusión y la fantasía, ciego por ser poseído por las cosas, el dinero, el poder, el placer…

Ebrios y narcotizados no solo por el alcohol y estupefacientes, sino por el deseo de consumir que me diferencia u opone a la escasez no solidaria con el prójimo. Mientras pocos tienen o aspiran a tener…mientras unos anhelan deseando ser protagonistas en el escenario del consumo desmedido…otros, la mayoría, queda excluida; quedan fuera de la mesa.

La Cuaresma es un tiempo de preparación espiritual a la Pascua. Tiempo especial para repensar nuestras vidas personales, familiares, sociales, grupales, etc. Repensar y volver a construir nuestros saberes, nuestras acciones, nuestras creencias…

La Cuaresma es más que un ayuno de no comer carne y otras privaciones…es un ayuno espiritual de una vida sencilla y sobria. La Cuaresma es un examen que revela de qué lado estamos y al lado de quien y de quienes estamos. Estamos del lado de la vida y la militancia por la vida. Vida que nos solidariza con aquél que se solidarizó con los más sufridos y postergados, Jesús de Nazaret.

Jorge del Viso (Director Editorial)

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